Las reseñas, enteras.

Sin resumen, sin versión corta para redes: acá va el análisis completo de cada disco.

morir saltando — crítica

Morir Saltando

Hesse Kassel
15 jul 2026 — Amuleto 6 temas · 44 min

¿Qué es Hesse Kassel?

Hesse Kassel es un sexteto nacido en STGO en 2022, dentro del post-rock y art-rock con tintes de noise y math rock. Su debut La Brea, lanzado en 2025, terminó por coronarse, para los medios internacionales, como uno de los 50 mejores discos del año pasado.

El disco nuevo

Este segundo disco se grabó tanto en los estudios Palo Quemado como El Tercero, con Emanuel Irarrazábal en la producción técnica. Compuesto por seis temas, la banda describe a este disco como una "autocrítica hacia La Brea". Temas que tienen que durar lo justo y necesario, ni más ni menos.

La crítica

El disco, por si solo, es eficaz. Tiene razón la banda al decir que es una autocrítica en torno a La Brea. Así se nota desde el primer tema. Pornomiseria dura 14 minutos, pero se siente corta: la letra es potente, la parte instrumental es prolija, y esa condensación dice algo importante sobre lo que es Hesse Kassel como banda.

Por otro lado, hay temas como Reflejo o Mariposa que bajan la intensidad sin restarle movimiento al disco —una especie de sinfonía que respira antes de volver a acelerar con Sancho Plagio y Tulpa, siendo esta última la conclusión de un disco que parece desordenado, pero que es un caos calculado.

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La vida era más corta

Milo J

Identidad e infancia

El disco abre con "Bajo de la piel", donde la chacarera se cruza con el bandoneón del tango, en una historia profunda que ya deja clara la experimentación de todo el álbum: producción de folclore mezclada con trap, el bombo legüero funcionando casi como un bombo de trap. En "Niño", Milo J recuerda —al menos para nuestros oídos— a Alberto Cortez y Facundo Cabral: ritmos folclóricos muy puntuales, contados en tercera persona, en un momento especialmente emotivo alrededor de la figura del padre.

Folklore experimental

Con Trueno en "Gil", el folklore se moderniza sin perder su base. "Ama de mi sol" es una bossa nova dedicada a su madre —"siempre en tus brazos", la declara "dueña de la luz y la felicidad". "Solificándose" mira hacia el norte, entre Jujuy y Atacama, con el bombo legüero funcionando como bombo trap y un bajo que se siente necesario, no decorativo. "Lucía", junto a Soledad, es el punto más folclórico del disco: chacarera con bajos de synth, muy "chaqueño", un verdadero "ritmo de amor salvaje".

Duelo y pérdida

La voz femenina de Paula Prieto en "MmmM" es un aporte real, con una letra que golpea de frente: pérdida, duelo y tristeza ("anoche di con los muertos, pues no di con el sol"; "qué sueño espantoso, la veo, la sueño, la extraño"). En "Llora llora", junto a Akriila, la experimentación es total —los bajos le dan un galope a la canción ("camino de la vida"), mientras la letra explora el olvido de la infancia con un sample de Violeta Parra. "Recordé" cierra este tramo con una búsqueda de identidad personal que pasa, inevitablemente, por recordar momentos dolorosos, sobre un ritmo de bossa nova con folclore latinoamericano.

Amor efímero

"Cuando el agua hirviendo" trae la frase de Sabina sobre no volver atrás, porque el tiempo ya hizo sus destrozos —relaciones fallidas. "La vida era más corta" sigue esa misma línea: una relación tóxica, y lo efímero de cualquier "para siempre".

a 40 años de...

Pateando Piedras

Los Prisioneros
15 sep 1986 — EMI 10 temas · 44 min 48 seg

Contexto

El 15 de septiembre de 1986, una semana después del atentado a Pinochet y bajo estado de sitio, Los Prisioneros lanzaron Pateando Piedras en un show ante menos de cien personas en el mítico Café del Cerro, en Bellavista.

Se trata de un disco que combina guitarras eléctricas con bajos de sintetizador y teclados que marcarían al New Wave de nuestro país. Fue grabado en apenas 3 meses, con Jorge González y el ingeniero Alejandro "Caco" Lyon al mando de la producción.

Sobre el disco

Pateando Piedras fue el primer disco de la banda editado por una multinacional, EMI. El sencillo "Muevan las industrias" se grabó con una Linn Drum —una batería programable que recién llegaba a nuestro país— y los sonidos metálicos que se escuchan los hizo el propio Jorge González golpeando un balón de gas de la cocina de Caco Lyon. El resultado coqueteaba con el tecno europeo de bandas como Depeche Mode, algo que nadie hacía en el Chile de la época —synth-pop con letras que hablaban de cesantía, censura y desigualdad.

El disco vendió 5.000 copias en su venta anticipada y llegó a 10.000 poco después —un récord para un grupo "juvenil" chileno de la época—. El lanzamiento oficial se hizo dos meses después, el 1 y 2 de noviembre, con dos recitales a tablero vuelto en el Estadio Chile ante 6.000 personas en total.

Este disco sería uno de los discos marcadores de una generación, por su mezcla entre la electrónica —género que aún estaba en pañales en Chile— y el rock, en un contexto de censura hacia la banda en televisión y medios oficiales.

Lectura del disco

Desde el primer minuto, el viento te golpea en la cara con "Muevan las industrias", que funciona como el marco conceptual del disco: mostrar lo que estaba sucediendo en Chile.

Después te cantan sobre los cuicos y sobre cómo, a veces, el chileno se lamenta por no haber nacido en cuna de oro. Pero también sobre lo cansada que estaba la gente de las injusticias del régimen —"Quieren dinero" bien podría leerse como una crítica al modelo económico de los Chicago Boys— y sobre la marginación juvenil que retrata "El baile de los que sobran".

Por otro lado, hay momentos donde González y sus compañeros tantean sonidos que recuerdan a The Cure, como en "Estar Solo" o "Por Favor" —otro guiño a esa onda New Wave que comentábamos.

González también mantiene su crítica filosa contra el sistema hegemónico del país y cómo Chile se convirtió en un país sin identidad propia en "Independencia Cultural": ahí rechaza de plano el modelo cultural europeo y apunta directo a un sistema educativo que enseña que la cultura es "algo raro y ajeno", en vez de algo que se construye desde adentro.

"Todavía quedan piedras por patear, y gente que sobra por bailar. 15 de septiembre, 40 años."

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Desiertos de amor

González y Los Asistentes + Raúl Zurita
1 ene 2011 — 4Parlantes 10 temas · 37 min 18 seg

Contexto

"Desiertos de amor" es un disco de González y Los Asistentes junto al poeta Raúl Zurita, lanzado en 2011.

Son diez poemas de Zurita musicalizados por la banda, liderada por Gonzalo Henríquez —hermano menor de Álvaro Henríquez, vocalista de Los Tres. El resultado mezcla post-rock con poesía, mostrando una fuerte inspiración en la obra de Zurita a través de los pasajes musicales que construye la banda.

Sobre el disco

Los poemas abordan, en su mayoría, la dictadura. El propio título dialoga directamente con lo que significó el Plan Cóndor —algo que queda claro en pistas como "Desiertos de amor 1", "2" y "3", además de "Fellattio" y "Una entera mierda". Los textos hablan tanto desde lugares cotidianos como desde la crudeza de haber sido torturado o víctima del Plan Cóndor, describiendo cómo murieron o sufrieron las personas.

Hay una combinación clara entre poesía y musicalización, con una compenetración mayor que en otros discos de la banda: existe una fuerte cohesión entre el trabajo de Zurita, Gonzalo Henríquez y González y Los Asistentes. Los pasajes son variados y resaltan la profundidad de los poemas, generando una inmersión que te lleva a pensar que "así fue".

La crítica

Es un trabajo muy bien logrado en producción, musicalización y letras — le pondría un 8 de 10. Hay dos canciones, "Condenadamente bien" y "Borracho", que no destacan tanto; el disco funcionaría perfectamente como un álbum de 8 pistas sin ellas. A pesar de eso, sigue siendo un gran trabajo.

Es entretenido y digerible —no tan denso de escuchar como podría ser "Lulu" (Lou Reed y Metallica). Es un disco fácil de poner de fondo sin restarle atención a la letra. En 2011 ya se habían intentado cruces similares entre poesía/rock experimental y una figura literaria —como el caso de "Lulu", que no funcionó—, pero aquí González y Los Asistentes logran que encaje totalmente: la banda y el poeta se compenetran, y la música enmarca con precisión los escenarios que Zurita expone.

"Desiertos de amor" — el cruce entre poesía y rock que "Lulu" no logró.

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Nadie sale vivo de aquí

Andrés Calamaro
1989 — CBS / Sony Music 14 temas · 31 min

Antes del Salmón

Cuarto disco solista de Calamaro, publicado en 1989, años antes de que se convirtiera en "el Salmón". El tema título abre en rock and roll puro, sin vueltas: ahí está el Calamaro de la primera etapa, crudo. Le sigue "Pero sin sangre", que narra un día "común" en la ciudad a través de una pelea que no deja heridas visibles —rock en carne viva, con el eco de Miguel Mateos y Pappo dando vueltas. "Vietnam" corta en seco: una balada tan corta y concisa que casi no alcanza a asentarse, parecida en su economía a "Estadio Azteca" del propio Calamaro. Y después el quiebre: "Pasemos a otro tema", el tema inconfundible donde se rompe una relación con un tecladeo demasiado Fito Páez para tratarse de Calamaro.

Blues, ranchera y rockabilly

"Con la soga al cuello" es el blues del disco, dedicado a alguien que aparece de manera inesperada. Después viene la ranchera, prolija, con esa línea que resume el disco entero —"soy extranjero en mi propia casa"— y la soledad como eje y decepciones: ahí Calamaro suena, salvando las distancias, a los Stray Cats. El rockabilly aparece en "Señoritas": rock and roll que no suena sucio, suena demasiado limpio, pero lo hace bien.

El Salmón antes de tiempo

Hay un tramo que ya anticipa al Sabina que Calamaro terminaría asimilando: recuerda a "Pasemos a otro tema", con el Salmón tomando el papel de Sabina y haciéndolo excelente —Sabina y Gardel juntos, tanguero y bohemio. Ese cruce sigue en "Ni hablar", con aire a Cranberries y pop ochentero de Inglaterra, una letra que recuerda a un fragmento de "Honestidad Brutal" y un arranque muy beatle. "Una deuda del corazón (traicionero)" vuelve al rock puro, con una letra dura.

Las baladas y el cierre

"No me vuelvas la espalda por eso" se acerca a "Easy" de The Commodores, una balada con aire a Spandau Ballet que en el fondo cuenta la verdad de una historia de amor: un chico interesado en ella, por su parte prohibida. En "Señal que te he perdido" hay un tramo que recuerda a "La Parte de Adelante" de Mecano. "Vietnam" vuelve sobre el final como un mantra, casi textual —la cicatriz que atraviesa el álbum. Cierra "Dos Romeos", en spoken word, música chill y letra oscura sobre dos estrellas de rock siamesas.

7/10 — un disco que sin ser perfecto sostiene el rock and roll de punta a punta, y ya deja ver, tema a tema, al Calamaro que vendría.

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Reality Awaits

The Strokes
24 jul 2026 — Cult Records / RCA 9 temas · 43 min

La decisión que atraviesa el disco

Seis años después de "The New Abnormal", The Strokes vuelven con Rick Rubin otra vez en la producción y una decisión que atraviesa todo el disco: el autotune deja de ser efecto y pasa a ser instrumento. No en todos los temas funciona igual, pero cuando funciona, es lo mejor que tiene "Reality Awaits".

Parte fuerte

"Psycho Shit" abre oscuro, con dos guitarras que se pisan bien y una batería de Fab que es puro groove —repetitiva pero nunca aburre. El autotune ahí está bien puesto, casi invisible. "Dine N'Dash" se va para el lado de The Cure: bajo simple pero de esos que se te quedan pegados, synths que le dan aire new wave, y Julian cantando como si le hablara directo al micrófono, con momentos donde la voz se le quiebra de verdad.

El giro raro

"Lonely in the Future" es el giro raro del disco —parte sonando a otra banda y termina siendo puro The Strokes, pero bailable como Blondie, con un autotune que tira más para The Voidz que para el Strokes clásico. Keyboard distorsionado, guitarras que te hacen bailar solo.

El bajón

Ahí llega el bajón: "Falling Out of Love" es, para mí y para bastante gente, el peor tema del disco. Simple, sin nada que se quede, autotune desbalanceado, cinco minutos que no se aprovechan. Lo único que lo salva con escuchas repetidas es que el autotune termina siendo el detalle icónico que sostiene lo poco que hay.

Se recupera

Se recupera rápido. "Going to Babble On" es puro baile, calza con la fórmula Strokes y hasta recuerda al tema de Julian con Daft Punk —synth bien puesto, guitarras simples pero míticas en el solo. "Going Shopping", el primer single, tiene el autotune más "Casablancas decidió esto y no Rubin" de todo el disco: bailable al extremo, con guitarra y batería alineadas para maximizar eso, y un videoclip que entiende perfecto de qué va el tema.

El quiebre

"Liar's Remorse" corta el ritmo bailable y se pone existencialista —la letra habla de desconfianza y de la incapacidad de amar por el dolor acumulado, y la instrumentación acompaña ese quiebre: nada de baile aquí. "The Fruits of Conquest" es el tema más "Julian" del disco en el sentido más sexual de la palabra —vibra de lobo solitario, congas que meten un color distinto, guitarras jugando con el destiempo pero acoplándose bien, bajo que da justo en el tono.

El cierre

Cierra "Tyrants of the Mellow Moon", que según la letra explora la lucha interna y la búsqueda de sentido en un mundo indiferente —vibra a "Paranoid Android" pasado por autotune, hi-hat marcando el ritmo, guitarras simples pero puro ADN Strokes. Es raro que este quede al final: por lo guitarrero y lo identificable, debería estar más arriba en el tracklist.

"Reality Awaits" no es el regreso perfecto que algunos esperaban, pero tampoco necesita serlo. Es una banda de cuarenta y tantos usando el autotune no para sonar joven, sino para decir algo distinto con la misma voz de siempre. Con algún bajón en el medio, pero con más aciertos que fallas.